En ese momento la incertidumbre de llegar o no a la cumbre se hizo presente, Habíamos usado mucho tiempo para sortear el primer empinado nevero y los pedreros de piedra podrida.
Luego de caminar un rato hacia el norte descendiendo algunos metros, se podía ver el gigantesco nevero que nos separaba de la falsa cumbre. lo cruzamos en travesía, esquivando un promontorio de rocas y copiando la forma de la montaña ascendiendo y descendiendo por nieve de distinta consistencia. Veníamos muy separados en ese momento, cada uno a su ritmo y dando el paso más cómodo para ascender el interminable neve. El filo estaba cerca y decidí montarme en él mucho antes del promontorio al cual apuntabamos, apenas pase el borde de la nieve el sendero se abrió a mis pies, como si nunca lo hubiésemos abandonado y allí estaba el plateau cimero, con la laguna semi cubierta de hielo y nieve y al fondo la cima del cerro donde se adivinaba la cruz que marcaba el final de nuestro ascenso.