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        Salimos de Buenos Aires con la primera luz del día 2 de enero de 2010. El punto de encuentro fue en casa de Eduardo, a las 6 am. Seis hombres, en 2 autos, fuimos en busca de un cerro, el Domuyo.
La idea del viaje había surgido hacia mediados de Octubre, cuando en alguna de las reuniones salió de mi boca la palabra Domuyo. A partir de entonces fuimos sumando voluntarios a la aventura. Eduardo, Jorge, Edgardo, Fernando, Rubén y yo, el Chino.

        El viaje se presentaba muy largo. De hecho lo fue. El destino final era Varvarco. Un lugar que no conocíamos ni imaginábamos. Fueron alrededor de 1800 Km. en dos días, con noche de hotel en la ciudad de Neuquén; muchos, pero muchos mates y charlas sin fin. La ruta del desierto. El helado de chocolate a la turca en Chos Malal. El increíble paisaje a lo largo de la ruta que seguía al río Neuquén. Detalles de un viaje que resultó sumamente placentero.

        Nos esperaba una bonita cabaña, en una colina muy cerca de la confluencia de los ríos Varvarco y el Pichi Neuquén. Un lugar sencillamente hermoso.
Christian Jirasek - 2010
domuyo
Jueves.
        La vuelta. Puro descenso. El clima seguía benévolo y sin viento fuerte y con sol, bajamos. El primer tramo, en acarreo, fue un paso rápido hasta el camp I. Adoro bajar por acarreos. Mis pobres botas lo sufren, pero el dueño, contento. Dejamos la carga pesada en petates y las pusimos en mulas. El trayecto hasta el playón resultó largo. No recordaba haber caminado tanto el primer día. Otra vez seguimos al arroyo Covunco. Es un paisaje realmente hermoso. Por momentos, de alguna manera, me recordó al valle de Horcones.
        El regalo del día fue disfrutar del vuelo de unos cóndores que andaban muy cerca nuestro. Admirable el vuelo de estos bichos.
        Ya con los vehículos nos dirigimos a Aguas calientes. Un lugar sorprendente, con un arroyo de agua con temperatura para mates. El fin ideal de unos días de montaña. Las cascadas que caían en nuestras espaldas eran como verdaderos masajistas chinos. ¡Genial! El humor bien arriba y músculos reparados.
        Para la vuelta a Varvarco teníamos la promesa de una cena con el típico chivito al asador.
        Fue el broche de oro para esta expedición que nos llevó a conocer este lugar increíblemente bello, donde descubrimos los secretos del Domuyo y en donde pudimos asegurar, una vez más, que la montaña nos une.

Christian Jirasek                         

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Christian Jirasek - 2010
cumbre
        Rubén se sumó a nuestro festejo y me encantó ver su felicidad por estar allí. Luego hubo tragos de champagne, fotos, dedicatorias en el libro de cumbre. Traté de grabar todo esto en mi memoria. Espero perdure.
        Había que retornar y nos volvimos todos muy contentos. La vuelta es siempre más relajada, pero venía de tomar el curso en el CABA, en donde me dijeron "la bajada es la parte más difícil" ¡Atento Chino! Me mantuve atento y pude disfrutar de la bajada. Hasta me había olvidado del cansancio. Encontramos a los mellis en el filo y descanso. Grampones y a seguir. El vértigo que alguna vez sentí a estas alturas había desaparecido.
        Piedras, nevero, sendero, pircas, cruz. Volvimos al camp II y ¡relax!!
        La merienda-cena-festejo arrancó cual fiesta folklórica. Mates, galletitas, dulces para pasar sin escalas a polenta, vino tinto, licorcito y hasta un Baileys.
        Con el atardecer la temperatura disminuyó y se sintió el frío. Nos fuimos a dormir felices.
        Durante la madrugada se dio un hecho curioso: la mayor parte de los 14 que fuimos, se despertó por una serie de temblores en la montaña. Fuimos 4 los dormilones que no sentimos nada de nada. Quedó como anécdota graciosa pues no me enteré de nada.
        Continuamos por el filo hacia arriba. Pasos cortos y pendiente pronunciada. Estaba muy cansado y en mi cabeza aparecía la frase "no doy más". Un día antes de arrancar la caminata recibí un mensaje de texto: "disfruta del ascenso, paso a paso, hasta que la cumbre te sorprende". Me aferré a esa idea. Sabía que tenía resto suficiente para llegar y continué paso a paso. Digno de Mostaza Merlo. Y fue así cuando de pronto vi que por debajo de mis pies la montaña cambió bruscamente la pendiente. Habíamos llegado a la precumbre y a unos 200 o 300 mts estaba la cumbre. Fui presa de la una emoción inexplicable. No estaba en la cima, pero en 5 minutos estaría allí. Las 12:36 hs. fue la hora oficial de llegada. No pude contener las lágrimas de emoción. Todo el grupo estaba de festejo. En un gesto inolvidable Sibu me abrazó paternalmente. Era mi cumbre más alta. Un gran logro personal y él sabía de qué se trataba. Fue entonces cuando en esa cima alcancé la cumbre.
        
        Como no llevo reloj, no tengo bien en claro los tiempos de caminata. Tampoco estaba muy preocupado por el tema. Aproximadamente a los 4100 msnm encontramos unas pircas y una cruz. Gente que quedó en el camino. Fue una sensación fuerte.
        Allí nos calzamos los grampones y con una pendiente súper pronunciada, caminamos por el nevero. Hubo que poner mucho esfuerzo allí, pero yo me sentía feliz por estar en ese lugar y en ese momento. El Sol me pegaba en la cara, al mismo tiempo que se sentía el frío de la brisa en la piel. Por unos minutos me detuve a observar y disfrutar del entorno. Los morros y los séracs del glaciar parecían al alcance de la mano y fue un espectáculo inolvidable.
        Llegamos al "filo", calculo que a unos 4500 msnm, muy cansados y fue el lugar del último descanso antes de la cumbre. Me invadía la ansiedad. Fer y Edgar estaban agotados y decidieron quedarse allí. Dos soldados menos. Me hidraté y comí algo para reponer un poco de fuerzas.
Christian Jirasek - 2010
Miércoles.
        El despertador sonó alrededor de las 5:30hs. De a poco nos fuimos incorporando, cambiando y saliendo de las carpas. Dormí bastante bien. Sibu y Rubén no tanto. Abrí la carpa y ¡vi un amanecer espectacular!! El día aparecía claro, sin viento y frío. La mochi iba liviana, sólo con agua, un poco de alimento y los fierros. Partimos alrededor de la 6:40 hs. Eran las horas mas frías del día y se sentía en manos y pies. Sobre todo en mis pies. Mis dedos se quejaron un poco.
        A medida que avanzábamos el viento se hacía más fuerte, con ráfagas que sorprendían ¡pues atacaban por izquierda o derecha! Por momentos dificultaba la marcha. A pesar de esto, luego de unas cuatro hs. llegamos al lugar, a Vientolandia, o mal llamado campamento II. Ardua fue la tarea de armado de carpas. El espacio está un poco reparado del viento, hasta con pircas ya armadas. Mis compas de carpa, arquitecto y maestro mayor de obra levantaron (levantamos, yo = peón) una muralla china a escala. Durante la construcción vimos cómo el viento se llevaba el aislante de Rubén. Un espectáculo. En pocos segundos el aislante ya se encontraba en una montaña vecina. Deberíamos informar a Doite de la capacidad de vuelo de sus aislantes. Excelente.
        Luego de la merienda-cena, Palito nos informó que Jorge se quedaría en camp II y que no intentaría cumbre. Un golpe para mí. Mi amigo no vendría con nosotros. Hubo que acatar.
        Cena y a la cama, o a la bolsa.
Christian Jirasek - 2010
rumbo al campamento alto
Martes.
        El día se presentó gris, muy nublado y fresco. Quedé asombrado por la velocidad que tomaban las nubes que pasaban por encima de nosotros. Desayunamos tranquilos y partimos hacia el lugar del camp II, a aprox. 3800 msnm. La pendiente esta vez era pronunciada y la mochila estaba pesada. Al fin de cuentas era el único día que cargaría peso, por lo que me tomé "con soda" y no fue motivo de queja en ningún momento.
Christian Jirasek - 2010
campamento base
        El sendero está muy bien marcado y sigue el trayecto del arroyo Covunco. Con una pendiente suave, a veces nula y luego de unas 5 hs llegamos al destino del día. En este trayecto vimos muchas lagunas que se formaban por deshielo, de color azul-verdosas que invitaban a tomar fotografías. ¡Menos mal que tengo una cámara digital! ¡Hubiera gastado un par de rollos sólo en este tramo!
        Sorpresa nro. 1: Almuerzo: ¡sándwiches de milanesa!! ¡Un verdadero manjar en este entorno!
        Armamos campamento a los 3000 metros de altura, justo al lado de una pequeña laguna. Sol, un poco de calor y una leve brisa. Corrieron los primeros mates y luego… sorpresa nro. 2: Palito, nuestro guía, nos invitó a una pequeña caminata hasta una ladera cercana, donde encontramos ¡fósiles marinos!! ¡Y había miles de ellos!! Cosas locas de la geografía de la Tierra.
        Con el atardecer el frío se hizo presente y luego de la cena, unos deliciosos fideos, nos retiramos a las carpas. Compartí la residencia con Sibu y Rubén. Disfruté de su compañía, pues son 2 hombres experimentados en tema montaña y sobre todo, dos tipos divertidos.
Días de montaña.
Lunes
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        Salimos de Varvarco luego de tomar el desayuno. Con los autos nos dirigimos hacia el Playón. Ruta sumamente pintoresca. La camioneta de Sibu iba mejor sobre el ripio que nuestro poderoso Gol. Pero mucho no importaba. Llegamos al lugar y nos esperaban unas mulas, quienes llevarían lo más pesado hasta el camp I, a unos 3000 msnm.